Hacer una paella para dos o para cinco cuando tienes dominado los tempos de cocción, que ingredientes potencian más el sabor, parece una tarea fácil, pero cuando lo haces para treinta, el tema se complica. No lo hace más complicado la cantidad de ingrediente a añadir, pues, además de atención y cariño, simplemente se deben utilizar fórmulas matemáticas sencillas. La cantidad de gente a tu alrededor que va a estar “tocando las narices” es la que va a dificultar su elaboración, haciéndote preguntas sin cesar del tipo: -por qué  lo haces así?, o -no es mejor que lo hagas así? O simplemente dando informaciones cómo: -se te está pegando, -el arroz no se mueve, -el caldo se debe calentar antes de echarlo, -creo que has echado poco caldo, -demasiado arroz,…

Todas estas aportaciones desinteresadas que tus comensales regalan a tus oídos son pequeños Inputs. El término entrada, en teoría de la información, se refiere a la información recibida en un mensaje, o bien al proceso de recibirla. En el caso de los comensales, serían inputs todas las informaciones recibidas a lo largo de la elaboración de la paella.

Por otro lado, tenemos la respuesta, el output: lo que haría el cocinero al recibir cada información. Ángel F. Briones, en el libro Coaching provocactivo nos explica que lo interesante es lo que pasa entre el input y el output y que se pueden denominar procesos internos. Estos procesos internos son seis. La generación de afirmaciones positivas, la clarificación de los asuntos centrales, contra condicionamiento (se habla de lo malo con un estado emocional positivo y humorístico), el apaciguamiento de marcos negativos, el fortalecimiento de la autosuficiencia y la experimentación de la responsabilidad máxima.

Emily Sigmund en su Teoría de los esquemas ya nos acerca a la idea que el receptor crea una imagen del mensaje. Para ello es necesario dar un significado a los datos (palabras, conceptos, relaciones, estructuras,…) que recibimos.

¿Os podéis hacer una idea de si le gustó o no al cocinero recibir todas esas informaciones? ¿Pudo aprovechar alguna de ellas? ¿Estuvo a punto de enviar a aquél sitio dónde siempre está lleno de gente,  al que le dijo que el arroz no se movía?

El ejemplo de la paella lo podemos comparar con la actividad habitual en el aula, dónde los alumnos pasan las mayor parte del tiempo actuando de receptores y los profesores de emisores. La cantidad de inputs que puede llegar a recibir un alumno a lo largo de la jornada puede llegar a cifras muy elevadas.

Lejos de hacer una definición del concepto que input, posee en economía, podemos hacer una primera clasificación de los mensajes emitidos en necesarios e innecesarios. Los profesores dominan el arte de hacer una selección de inputs necesarios. Saben qué, cuándo y cómo decirlo, pero también se hace uso del innecesario. Entendemos como input innecesario toda aquella información emitida que no llega al receptor en el modo esperado, ya sea porque provoca respuestas negativas o simplemente porque el mensaje no ha sido recibido.

Hablar por hablar es hablar al cuadrado, que es justo cómo les queda la cabeza a muchos  de  nuestros alumnos en la última hora de clase. Seguir generando pensamiento en ellos dependerá de la buena selección de inputs que utilicemos, en que momento lo emitiremos y de qué manera lo haremos. De lo contrario, los alumnos pueden responder cómo el cocinero, que aunque no envió a nadie al lugar más transitado del planeta, vivió durante un tiempo, emociones poco positivas o simplemente permaneció ausente.

Así que, inputs, si gracias, pero poco a poco y con cariño.

Alis

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