El ser humano, al igual que los demás seres vivos, nace, crece, se reproduce y muere. En este post nos vamos a centrar en el desarrollo durante el crecimiento. Primero convendría señalar las diferencias entre crecimiento y desarrollo. El crecimiento tiene que ver con los cambios físicos que suceden en la persona y que son fácilmente observables a lo largo de la vida, como la altura, el peso, los perímetros torácico y craneal,…en cambio, el desarrollo incluye todos los cambios psicológicos y la formación progresiva de las funciones propiamente humanas, como el pensamiento, el lenguaje, la razón… Gracias al desarrollo podemos pasar de un estado de menos capacidad a uno de más capacidad. La adquisición de autonomía, la creatividad, la creciente capacidad para resolver problemas o los procesos mentales que permiten asimilar conocimiento son ejemplos de este hecho.

¿Por que hoy somos como somos? La respuesta parece fácil y seguramente estará relacionada con el modo en que hemos sido educados por nuestros padres, pero es obvio que tenemos que mirar hacia muchas direcciones para poder dar una respuesta que se pueda ajustar a la realidad.

La primera vista va dirigida a la familia. El bebé, desde su nacimiento empieza a establecer el vínculo afectivo con las personas que se ocupan de él y satisfacen sus necesidades básicas, lo cuidan y le dan seguridad emocional. Tal como afirma John Bowlby,» para un desarrollo normal es necesario que el bebé experimente una relación afectiva, íntima y continua con su madre, padre o figura sustitutiva permanente».

Existen una serie de factores que influyen en la formación del vínculo afectivo. Según los estudios de R. Spitz en el año 1946, con bebés que vivían en instituciones, demuestran que, cuando desaparece la figura del vínculo, si no existe la posibilidad de establecer un nuevo vínculo afectivo íntimo, surgen dificultades emocionales importantes. Estos estudios también remarcan el efecto devastador que tiene sobre la personalidad del niño, las separaciones prolongadas. La conclusión de estos estudios nos indica que, para que se produzca un desarrollo saludable, es necesario haber podido establecer un vínculo afectivo estable los primeros años de vida.

Otro aspecto es el de la calidad de la atención en relación a la sensibilidad. La sensibilidad és una variable fundamental para que el niño o la niña puedan establecer un vínculo afectivo seguro. Esta sensibilidad se entiende como la capacidad para darse cuenta de las señales que emite el bebé para poder responder así de una manera adecuada. La aceptación del bebé tal como és, la capacidad de cooperación de la madre o padre, y su accesibilidad (es decir, hasta que punto está disponible desde la perspectiva del bebé) también son características indicativas de la calidad de la atención y favorece la formación del vínculo.

No podemos olvidar la sincronía en la relación como factor indispensable, pues después de ver a las mamás y papás jugar con sus hijos de apenas unos meses, se puede afirmar queexiste una danza emocional, una verdadera comunicación emocional llamada sincronía. La sincronía consiste en una interacción coordinada, un diálogo en el que es crucial el papel de la sensibilidad de la figura del vínculo. En la mayoría de casos, la sincronía se produce en un 30% de las interacciones cara a cara entre el bebé y mamá o papá u otra figura.

El contexto familiar es otro factor. La calidad de la relación de la pareja, la participación del o de los progenitores y otros familiares o los cambios en las circunstancias familiares (pérdida de empleo, muerte de un miembro en la familia, nacimiento de un hermano,etc… Así como también lo es el contexto cultural. Para la gran mayoría de bebés de todas las culturas, la presencia de la madre és tranquilizadora, pero no todos los niños están acostumbrados a separarse de ella de la misma manera. En este sentido no es lo mismo separarse de los padres en un contexto como el nuestro el que és habitual que los mas pequeños vayan a la escuela infantil, que hacerlo en un contexto como el japonés, el que los pequeños raramente se separan de su madre.

Finalmente, otro factor es el tipo de vínculo que establecen los padres con sus hijos.Existe alguna relación entre el tipo de vínculo afectivo que establecieron los nuevos padres con sus padres y el tipo de vinculación afectiva que establecen con sus hijos? Algunos estudios han intentado dar respuesta a esta pregunta pero en cualquier caso, la opinión que tienen la madre y el padre acerca de sus primeras experiencias emocionales és un elemento que influye en la manera que ellos pueden ejercer de padres y, por consiguiente, afecta al patrón del vínculo que se pueda establecer.

A modo de conclusión cabe destacar que existe una relación muy estrecha entre el tipo de vínculo afectivo de un bebé y su conducta social posterior. El vínculo es el punto de partida, la base sobre la que empieza a construirse el desarrollo social y afectivo posterior.

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