A la derecha el ángel y a la izquierda el demonio. ¿Que me van a decir de nuevo esta vez?, ¿Algo nuevo que no haya oído antes?.  Lo cierto es, que aunque las frases célebres de mis padres, ahora encarnados en ángel revoloteando con movimientos sinuosos y tierna voz, se repitan una y otra vez, el demonio, que no es de «Prada» sino que es «Hipster», acaba calando hondo y le acabo haciendo caso a él. Y es que la tentación de probar, aun sabiendo que es lo que va a suceder, es lo suficientemente fuerte como para arriesgarme y hacerlo.

 

Ya lo he hecho. Ya he cogido mi muñeca de dientes y le he pintado la cara con bolígrafo de arriba abajo. La verdad es que pensé que el nuevo maquillaje le sentaría muchísimo mejor, pero lo cierto es que le queda bastante mal. Ahora toca ponerme en marcha y confiar en mis habilidades creativas, que aunque inmaduras por falta de experiencia, me acaban dando resultado o al menos eso me parece.

Ahora me dispongo a pensar y a actuar rápida y sigilosamente para que parezca que nada ha sucedido. Mi cara de pensar me delata, porque digo en voz alta mis pensamientos y le pido a mamá esa pastilla de jabón que lo limpia todo y le pregunto:

– ¿Mamá, verdad que esa pastilla de jabón mágica borra las manchas de bolígrafo?

A lo que responde con un revés en forma de otra pregunta

– ¿Que has hecho?

A lo que yo devuelvo el golpe, esta vez de derecha.

Nada. Bueno te lo cuento si me prometes que no te vas a enfadar…

– Bueno, depende de lo que hayas hecho!

Ya estoy perdida, ahora si o si tengo que contarle a mamá que he pintado a “La muñeca de dientes”, que he probado con esponja agua y jabón y que no sale, que con saliva, que es un recurso rápido para limpiar manchas de la cara antes de entrar en el cole, tampoco se ha ido y que he probado con el peelling y tampoco se va. Por eso he acudido a ti mamá, para pedirte el jabón con el que quitas todas las manchas de boli y rotulador de la ropa.

Todo eso ha pasado por mi cabeza pero sólo le he dado la primera información:

-He pintado de «boli» a la muñeca de dientes.

Menudo saque me hizo cuando me dijo:

– ¿Que has hecho que?

– Que he pintado la muñeca de dientes

– ¡Que ya te he oído!

– ¿Pues entonces, porque me lo vuelves a preguntar? Porque yo sólo vuelvo a preguntar cuando no lo he oído. Quizá tienes que ir al médico mamá.

– Cállate! ¿Dónde está la muñeca? ¡Tráela para aquí!

Mientras voy a buscar a “Dientes” pienso que mamá exagera y no es para ponerse así. No me da tiempo a pensar mucho más porque mamá estaba siguiendo mis pasos y en cuanto la vio pegó un chillido que la oyeron muy lejos. Según dice papá, cuando grita se le oye hasta en la quinta china. Y eso debe ser muy lejos, porque mi padre me explica que se tienen que coger diez aviones para llegar allí.

– ¡Madre mia, pero que has hecho! Con lo bonita que era la muñeca!

– No pasa nada mamá, lo limpiamos con ese jabón

– Con ese jabón no se va! Esto no se va con nada!

Durante las siguientes horas y los siguientes días, todos los miembros de la familia íbamos probando cosas. Yo sólo recuerdo haber restregado en la cara una rodaja de limón y tampoco funcionó, pero aprendí mucho a cerca de manchas de  «boli». Con el tiempo, las manchas de «boli» fueron desapareciendo, y aunque no se borraron por completo, apenas se veían.

A la derecha el ángel y a la izquierda el demonio. ¿Que me van a decir de nuevo esta vez? Y es que hace tiempo que yo sola me quiero poner el chocolate en la leche!. Esto parece que lo he vivido antes…